Instrucciones para esperar en una fila

Texto experimental que imita el estilo de Julio Cortázar

Para esperar en una fila hay que armarse de valor. Mientras vaya aproximándose a ella examine bien la configuración de la línea, qué tan bien formada está (debe ser como una línea bien trazada y no como puntos dispersos) para poder mantener control sobre el final de ella hasta que esa pesada y vergonzosa responsabilidad pase al pobre diablo que llegará siguiente, y en general qué situaciones presenta: velocidad, consistencia de la dirección, y sobre todo que no haya otra fila, secreta y cínicamente escondiéndose dentro de la primera.

Cuando llegue párese firmemente y mire hacia adelante, con la frente en alto pero no tan alta, sólo lo suficiente para indicar que la línea ahora tiene un punto más. 

A continuación el juego de miradas. Ya porque hay otras filas cercanas, o personas alrededor de la fila, o tal vez incluso alguien detrás del mostrador decide demostrarse su poder y no atender a nadie y sólo mirar. El objetivo es evitar el contacto visual, evadirlo cuantas veces sea necesario pero siempre fingiendo que esos movimientos de ojos y cambios de postura corporal son completamente naturales, como si estar parada y a veces inmóvil fuera algo cotidiano. Todas estas personas intentarán derrotarla desde su posición ventajosa, mirándola de arriba a abajo o examinando su cuerpo, su ropa o lo que trae consigo. No ceda, luzca cómoda y desinteresada, tranquila.

Quienes, por cinismo o barbarie, serán un obstáculo importante. Se detendrán, creando una incomodísima interrupción en la continuidad de la fila, y dejándola expuesta a que un elemento nuevo igual de cínico o bárbaro aproveche esta oportunidad para ocupar ese espacio, desde luego fingiendo que no se ha dado cuenta. Cuidado, no hay que ceder al pánico. La técnica para enfrentar esta emergencia es ocupar toda la voz mental posible para decirle a la viejecita, a la señora con el niño, o al adolescente inadaptado, ¡que caminen! Decir, gritar, y gritar de nuevo, eso sí, en un silencio total y sin perder la compostura. Algunas personas se ayudan de movimientos corporales sutiles, como simulando dar un paso pero sin darlo, y otras en un gesto de desesperación miran repetidamente a la persona y al espacio para lograr, a través de poderes mentales, unir a los dos.

Todos lo hemos visto. Aquél renegado insolente, malvado y sin respeto por nada. Empleando las palabras más escandalosas y poniéndolo todo de cabeza. “Disculpe, ¿podría avanzar?”. Claro, debe estar resignado a una vida de odio. Tal vez hasta piense, en su cabeza, que es libre y feliz.

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