Texto experimental que imita el estilo de Julio Cortázar
Comience por tomar una caminata larga, respirando profundamente. Es recomendable ir solo pero si le parece demasiado aterrador puede llevar a alguien consigo, pensando en que será más fructífero hablar solamente si es necesario. Explore. Suba una montaña, corra hacia el mar, acuéstese a la orilla de un río; salte siete veces o hasta que alcance a llamar la atención del pájaro que se encuentra en aquella rama y pueda notar como éste la ve a usted.
Típicamente, y sobre todo cuando se prescinde de un tripié, la cámara descansa en la palma de la mano izquierda, dejando el dedo pulgar y el índice o el medio libres para mover los arillos que se encuentran en el objetivo. La mano derecha se coloca del lado derecho del cuerpo fotográfico. Es un ancla y sirve para dar dirección, como las anclas en el mar dictan para dónde se mueve el barco y para dónde se mueve la Tierra.
Tome la cámara y asómese por la mirilla. Es normal en este momento que las alucinaciones engañen su percepción acerca de las dimensiones o la profundidad; esto sugiere que va por buen camino. Girando el arillo coloquialmente denominado como “distancia focal”, traiga a relucir, de entre todas, la alucinación de su preferencia. Cuando la vea con claridad hasta el punto de asimilarla utilice el dedo índice de la mano derecha para presionar el botón del obturador.
Una vez que obtenga el revelado de vuelta notará que sus esfuerzos fueron insuficientes. No se preocupe, intente otra vez.